Estimada señora Galán

Estimada señora Galán,
Me permito tomar contacto de nuevo con usted pues, tras haber trabajado sobre la cuestión catalana y sobre la problemática de la manipulación o instrumentalización de la historia, he decidido continuar con un caso concreto, el de Antonio Pastor Martínez, un señor fallecido en 2005 que pretendía falsamente haber estado deportado en el campo de Mauthausen. Lo que me interesa es comprender y, sobre todo, contribuir a que mis alumnos comprendan cómo fue posible que su impostura cuajase y tuviese el eco mediático que alcanzó. A este respecto, su caso me parece más llamativo que el de Enric Marco, del que se ha estado hablando bastante en la prensa a raíz de la publicación reciente de El impostor, de Javier Cercas. Contrariamente a Marco, que difundía una versión coherente y elaborada de su supuesta estancia en el campo nazi de Flossenbürg, Antonio Pastor Martínez presentaba un testimonio saturado de imposibles e inverosimilitudes : según los historiadores Bermejo y Checa, que demostraron la impostura, una lectura atenta de los documentos presentados por APM y mencionados en esta entrevista, hubiera bastado para constatar que esta documentación no prueba su supuesta deportación, sino más bien al contrario1. De lo que se trata en el trabajo que emprendo con mis alumnos es de rastrear las diferentes responsabilidades en un proceso social difuso y complejo que dio lugar a una falsificación de la historia y al que, lo que es más grave, no sucedió un restablecimiento visible y significativo de la verdad cuando todos los elementos que hubieran permitido efectuarlo estaban a la disposición de quienes podían, y debían, llevarlo a cabo. Hoy, en 2015, en el momento de escribirle, la web de la Junta de Andalucía alberga, en su sección dedicada a la educación, un documento que presenta como verdadera la deportación de Antonio Pastor Martínez, diez años después del artículo de Bermejo y Checa.
Las responsabilidades de su diario son aquí limitadas, pero reales. La primera reside en haber acompañado la impostura sin haber efectuado las verificaciones necesarias. La segunda, en el momento en que se desvela la verdad, en haberse limitado a lo anecdótico, en haber circunscrito la responsabilidad de lo ocurrido a un anciano que seguramente desvariaba y en no haber investigado para encontrar a los auténticos responsables de la impostura así como para explicar el surgimiento de la misma. La tercera es la de silenciar la cuestión en artículos ulteriores que comentan el trabajo de una de las principales responsables de la impostura, Mercedes Vilanova, actuando como si los inverosímiles errores de la historiadora no le restasen credibilidad y como si dichos errores no mereciesen ser llevados al conocimiento del lector.
Antes de escribirle a usted, me he dirigido a Rafael Sánchez Benítez y a Mercedes Vilanova, en sendas cartas que le adjunto2. Las críticas que formulo a El País figuran, contextualizadas, en dichos textos. Permítame, sin embargo, para facilitar su toma de conocimiento de la problemática, que resuma aquí los artículos de su diario que menciono. Los presento por orden cronológico y les agrego algunos breves comentarios. Cito asimismo algunos fragmentos que me parecen significativos.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona lleva catorce años recogiendo testimonios de historia oral, 29 de noviembre de 1982.
« No se trata de utilizar únicamente la técnica de la entrevista », afirma la doctora Vilanova, « hay un trabajo previo enorme. Cuando hablamos con un protagonista, sólo se empieza a grabar cuando se tiene la seguridad de que lo que se dice es una cosa única. Es el momento que nosotros llamamos centro de gravedad vital de las personas. Antes de la entrevista, elaboramos una pantalla conceptual, sobre la que después proyectamos la entrevista. De esta proyección obtenemos lo que es colectivo y lo que es una individualidad. Luego se aplicará un análisis lingüístico a la estructura de la entrevista que nos permitirá eliminar muchos de los elementos subjetivos que pueda contener, controlando el error o la mentira ».
http://elpais.com/diario/1982/11/29/cultura/407372407_850215.html
El periodista acepta sin cuestionamiento alguno una sucesión de palabras que parecen carecer de todo significado preciso. Lo poco que sí lo posee, que hubiera debido suscitar, cuando menos, la extrañeza del periodista, tampoco lo hace reaccionar. Solo se graba, dice la profesora, lo que es único, o sea no general, cuando, podría uno pensar, el oficio del historiador no es buscar lo único e insólito, sino, justamente, lo general. Solo se empieza a grabar cuando se tiene la seguridad de que lo que dice la persona es único…, lo que no podrá saberse antes de que la persona lo haya dicho: esta afirmación parece requerir que se retorne al pasado para grabar lo dicho o que se antevea lo por decir3, lo que, vertiginosamente, nos hunde en la mecánica cuántica o en la literatura fantástica. Ahí es cuando se llega a lo que se denomina el centro vital del individuo, o sea, lo que los investigadores denominan centro vital del individuo, expresión que para los legos suena a una mezcla de filosofía New Age, de acupuntura y de psicoanálisis, pero que en realidad nadie sabe lo que es y el periodista tampoco, pero él lo apunta igual, que es doña Vilanova quien habla. Pero no es eso todo. Antes de la entrevista se elaboró una Pantalla Conceptual4, nada menos. Y después, paf, se proyecta la mentada Entrevista Única Acrónica Vitalogravitatoria en dicha Pantalla Conceptual, que vaya usted a saber lo que es, o lo que son, que tampoco queda muy clara esa operación por la cual la profesora Vilanova proyecta la EUAVG en la PC. Y de ahí, abracadabra, sale separado lo que es colectivo e individualidad. Y después, por último ya, viene el análisis lingüístico de la estructura, que es lo que permite eliminar muchos elementos subjetivos de lo que, no lo hemos olvidado, era único y se situaba en el centro vital del individuo para así eliminar el error o la mentira.
Un periodista no es una banda transportadora que lleva las palabras de una fuente al lector. Un periodista no debe fingir entender lo que no entiende para endiñarle al lector un palabrerío carente de significado con la asunción implícita de que si no entiende culpa suya -del lector- será, puesto que está todo bien claro. Fíjese usted, señora Galán, que el problema es el mismo ahora que en 1982. ¿Recuerda usted los comentarios que le hacía hace unos meses en relación con aquel artículo sobre la consulta catalana en que el catedrático Ballbe la equiparaba con que se juzgase a un negro con un jurado compuesto por miembros del Ku Klux Klan? :
« Es como si para juzgar a un negro se elige un jurado formado solo por miembros del Ku Klux Klan »5
Yo le decía en sustancia que no hacía falta ser una lumbrera del derecho para intuir u olfatear que lo que el señor catedrático declaraba no era un enunciado de la ciencia jurídica, sino el exabrupto de un ciudadano algo alterado por la indignación y que si algún valor informativo tenía su declaración era el de mostrar que muy enardecidos debían de estar los ánimos para que un señor catedrático de derecho perdiera así toda mesura y rigor. No consideré oportuno en su día contemplar otras posibilidades, pero las hay, por supuesto. Puede temerse que el modo de expresarse del profesor Ballbe sea su modo habitual de razonar y de manifestar sus pareceres, o que lo sea en el ámbito universitario, o en España. Estas hipótesis me parecen inverosímiles, pero lo que me preocupa es que podrían explicar estructuralmente lo que de otra manera habría que atribuir a la desidia o impericia del periodista.
Conjeturé, también, se lo confieso, que existía en su diario un principio que estipulaba que había que tener y reputar por buenas las palabras de aquellos catedráticos cuyos pareceres les vinieren a ustedes bien de una manera o de otra. Esta última hipótesis presenta el interés de explicar la ceguera del periodista y, también, a condición de no encerrarse en una definición demasiado estrecha de lo que significa venir bien6, su complacencia para con Mercedes Vilanova. Esta hipótesis, asimismo, es coherente con la respuesta privada que usted dio a mi carta sobre el artículo en que figuraban las declaraciones de don Manuel Ballbe: que podía ser que para mí fueran poca cosa las palabras de un catedrático de derecho pero que tenía que tener en cuenta que los periodistas trabajaban contra reloj. Ahora bien, el problema no es que las palabras de un catedrático de derecho sean poca cosa para mí. Es que las de Ballbe en el artículo lo son para cualquiera que se ponga a pensar dos segundos. Pero yo creo que, en cierto sentido, tiene usted razón. Las palabras del catedrático contarían, sin duda, como las de Mercedes Vilanova en su momento, porque el lector de diario no siempre es exigente y, para él, cuenta lo que ustedes le dicen que ha de contar. Además, recuerdo, el título de aquel artículo era realmente bueno: “Mas pone a 7000 funcionarios al borde de la ilegalidad con la consulta”. Después de un título así, el lector bien condicionado o distraído no pide más que un nombre eminente y una frasesita suya aunque sea ésta una barbaridad que no tenga nada que ver con el título y que en nada lo demuestra.
Finalmente, he descartado esta hipótesis de una obsecuencia obligatoria para con los catedráticos, no habiendo hallado traza de precepto alguno que la instituyera en su Libro de Estilo. Pero reconozco que mi desasosiego persiste porque me digo que los periodistas de El País son, de manera espontánea, excesivamente deferentes ante ciertas autoridades. La única solución que se me ocurre es que añadan ustedes a sus preceptos deontológicos el que un despropósito, aun cuando saliere de la boca de un catedrático, aun cuando les viniere a ustedes bien y aun cuando le pudiere gustar al lector, conserva su condición y debe como tal serle presentado al lector.
Pero volvamos a los artículos de su diario que aparecen en mi dossier:
-Lo invisible hace historia7, 9 de abril de 2006.
En este artículo, la periodista cita a la profesora Vilanova, que parece disponer de la única, o casi, técnica posible que permite descubrir la mentira :
Descubrir la mentira es casi imposible si uno no se pone en el lugar del testigo. Tampoco podemos vivir con cualquier verdad.
¡ tan solo dos años después de que Bermejo y Checa demostraran la impostura de Antonio Pastor Martínez y pusieran de manifiesto la inverosímil ceguera de la profesora Vilanova!, incapaz de detectar las evidentes contradicciones de su testimonio, sus mentiras, por retomar las palabras de la catedrática.
El servilismo y la obsecuencia de la periodista la llevan a reproducir una insólita metáfora que parece gustarle mucho a la profesora8 y que le permite deslizar que fue la primera submarinista de España : El recuerdo del submarinismo le confirma hoy su vocación por ese deporte de riesgo que es historia de lo invisible: así se pulverizan mitos y leyendas de un pasado blindado por los alfabetizados. ¿Cómo puede ser, señora defensora del lector, que se nos hable de submarinismo y no del inverosímil error cometido por la historiadora, en el ejercicio de su oficio, en el caso Pastor Martínez?
– Mauthausen, otra vez9, 18 de marzo de 2003, de Ian Gibson.
Aquí, el eminente historiador da cobijo a la impostura de Pastor Martínez tal como la difundió el periodista Roberto Sánchez. ¿No hubiese sido oportuno que se pidiese a Ian Gibson que reflexionase sobre su error?
La saluda atentamente,
Sebastián Nowenstein
PS: Espero que no tome usted a mal estas cartas que le estoy enviando y a las que supongo que no tendrá usted tiempo de contestar públicamente. Espero, asimismo, que no se tome usted a mal lo que le anuncio a continuación: mi objetivo es que cientos o miles de docentes se apropien mi iniciativa para que, juntos, vigilemos cuidadosamente lo que se escribe en su diario (y en otros). Espero poder empezar en breve a difundir entre mis compañeros españoles, franceses o de otras nacionalidades mi iniciativa. La idea es crear una web que organice y haga conocer nuestros esfuerzos. Tengo la convicción de que su diario, de cuajar mi iniciativa, acogerá como un desafío honorable nuestro trabajo y aceptará que va encaminado a incitarlos a ustedes a elevar aun más la calidad de su trabajo periodístico.

2Incluyo asimismo en este envío las cartas dirigidas la defensor de la audiencia de RTVA y al señor Camacho, que fuera director de RTVA en la época de los hechos que comento.

3Propongo llamar Entrevista Única Acrónica Vitalogravitatoria (EUAVG) esta entrevista única, fuera del tiempo y situada en el centro de gravedad del individuo.

4Lo pongo con mayúsculas, que queda mejor así, y le doy siglas : PC, que no hay concepto de los buenos que no las lleve y ostente.

6A ustedes les venía bien la declaración de Ballbe porque contribuía a diabolizar el proceso catalán, que era lo que les dictaba que debían hacer su ideología y lo que les reclamaba una parte de su lectorado, como les venía bien la declaración de Vilanova tal vez solo porque permitía agregar un artículo al diario del 29 de noviembre de 1982. De manera más general y abstracta, pienso que a ustedes les vienen bien las declaraciones de los catedráticos porque les eximen de tratar con toda la seriedad requerida la información, les hace más leve el trabajo y les permite publicar artículos con celeridad.

7http://elpais.com/diario/2006/04/09/catalunya/1144544862_850215.html

8La retoma en su libro “Mauthausen, después”:

Sin darme cuenta actué como la submarinista que había sido, no como la historiadora que pretendía ser, y las experiencias de mi juventud resurgieron sin avisar. Instintivamente supe que en la prudencia iba la vida, que no debía ir al fondo de las conciencias, ni dejar que la ausencia de gravedad me hiciera perder el norte, porque la escuchar con pasión como yo hice, la magia se quiebra si hay precipitación por oír, averiguar, saber. Cuando no sopla una brizna y el silencio no habla, la ausencia de comunicación desarbola a cualquiera, y afortunadamente eso no ocurrió, eso se lo debo al mar. Mercedes Vilanova,Mauthausen, después”, Madrid, Cátedra, 2014.

9http://elpais.com/diario/2003/03/18/andalucia/1047943332_850215.html

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