Gurt Letreto, héroe y traidor.

Le Courrier de Timburbrou, le 28 mars 2037.

Los hechos acaecen en una ciudad populosa, capital de un imperio o de un vasto país cuyo poder ha suscitado la aparición del funcionariado y, también, de la virtud pública. Bruselas, Tlön o Washington son lugares en que en tu hoy, lector, se encarna esta historia, que los narra. Timburbrou, Uqbar y Babilonia la acogen ahora, en 2037, una época, para los tuyos, incomprensiblemente remota. Tiene, la historia, ramificaciones innúmeras y varios finales, pero solo uno de ellos no es aciago. Más bien: solo uno de ellos no es terriblemente aciago. El que sea este el que prevalga depende de ti, lector, de vosotros, de quienes configuráis momentáneamente la carne de una Humanidad otrora pletórica, pero que hoy, débilmente, solo anhela no morir.

2018, tu época, lector. Las corporaciones usan la maquinaria administrativa en su provecho, pero, también, consiguen que las gentes lo ignoren. Un funcionario, cautiva y sometida su mente, olvida la virtud y cede. O parece que cede: en realidad los meandros del derecho administrativo son tan impenetrables que no es fácil saber con certeza cuáles son las consecuencias de tal o cual modificación de los textos, que, antaño, fueran felizmente sagrados1. La suposición de corrupción proviene de lo que pasa después. Llegado el momento del retiro, el acaso culpable pasa a trabajar para el presunto corruptor. Hombre ya mayor, el jubilado recibe emolumentos cuantiosos por un trabajo harto leve o inexistente.

El acuerdo firmado por el funcionario, con el tiempo, revela su auténtica naturaleza: es escandalosamente parcial, es lesivo para el interés público y favorable a las corporaciones. El viejo funcionario lee en el diario que el Parlamento rechaza prolongar el acuerdo que fuera la máxima obra de su carrera y por el cual recibiera él, en el momento de firmarse, felicitaciones calurosas que encomiaban la austera inflexibilidad con la que había obligado a sus adversarios a contribuir a la lucha contra el mal que causaban. Vierte, pausado y cansino, el té que le ha llevado una secretaria también envejecida y mira con indiferencia por la ventana.

En el Parlamento, oradores encendidos, derivando conclusiones definitivas de las apariencias, lo habían condenado irremediable y clamorosamente.

Un psicólogo había estudiado doctamente su personalidad, pero él recordaba mejor la misiva, que, rezumante de indignación y de ironía feroz, le enviara, bajo pseudónimo, un estudiante francés, o alguien que se decía tal:

C’est l’aspect humain de votre parcours qui m’intéresse. Qu’est-ce qui vous motive à servir les intérêts de l’industrie des combustibles fossiles après avoir servi l’intérêt public à un poste élevé du Gouvernorat ? Peut-être avez-vous, pendant votre carrière, déjà longue, servi surtout vos propres intérêts ? Diriez-vous que la poursuite du profit personnel des milliers d’agents qui œuvrent auprès du Gouvernorat est bénéfique pour l’intérêt commun ?

Et puis, maintenant, comment réagissez-vous à la décision du Parlement ? L’ancien négociateur en chef de l’Accord est-il déçu de voir son œuvre ainsi défaite ? Le lobbyiste des pétroliers et de l’automobile a-t-il le sentiment d’avoir échoué, puisqu’un accord qui, si l’on en croit ladite résolution, avantage l’industrie qui l’emploie, risque de ne pas être reconduit ? Gurt Latreto, fonctionnaire public aurait-il, in fine, mieux servi son employeur actuel qu’il ne réussit à le faire maintenant ?

Sus adversarios mentían y decían la verdad. Si él se mostraba complaciente, cuando llegase la hora, podría entrar en este despacho y recibir un salario cuantioso por no hacer gran cosa. Él lo sabía, y ellos sabían que él lo sabía. Toda precisión suplementaria hubiera sido ultrajante ; no hubo corrupción.También sabía que la nueva legislación no era mejor que la anterior. El actual negociador, el joven y ambicioso austríaco que fuera su mano derecha, haría lo necesario para, dentro de algunos años, poder acceder también al Despacho.

El sueldo, a él no le importaba. El poder, quizás tampoco.

Actuó como lo hizo porque lo tenía que hacer, porque todo el mundo, todos los que sabían, pensaban que él así lo haría. Lo hizo, quizás, sobre todo, porque no había motivo alguno para no hacerlo. Más exacto, acaso, sea decir que no sabe porqué actuó como lo hizo. En todo caso, la catástrofe parecía lejana. El cianuro del té lo aguarda.

Antes, para encontrar valor, deberá volver sus ojos hacia nuestro arrasado presente, el de ahora, el de 2037. El de sus nietos, que ven a sus hijos agonizar bajo el insufrible calor y lo maldicen.

Sus ojos verterán algunas lágrimas postreras leyendo las palabras justas y violentas que le destina, desde el porvenir, su nieto. Sus lágrimas son de pena y culpa, pero también de rabia. El destino ha sido injusto, sus actos lo calumnian. Él hubiera podido no ser un miserable e, íntimamente, piensa no serlo. El expeditivo cianuro lo demostrará. La marioneta, hoy, se sacude el yugo del destino inclemente y de sus leyes de hierro. Es una sacudida mínima, pero que no del todo carente de efecto.

En la foto, el rostro de su nieto Gustavo Letreto todavía conserva algunos de los rasgos que tiene hoy y su hijo, el bisnieto, que aparece dándole la mano al padre, es casi idéntico al niño que los sábados juega en el vasto jardín de la mansión del funcionario, donde se celebran las, hasta ahora, felices reuniones familiares. Acaso sea el remordimiento lo que, creando parecidos, acerque fisonomías distintas.

El hombre duda. Piensa que los artículos venidos del futuro mediante El Correo de Timburbrou2 tal vez sean una manipulación. Pero una nueva mirada hacia el rostro de su nieto lo convence. Además, todo lo habían anunciado los científicos que él había contribuido a silenciar. Levanta la taza y bebe, temblando, pero con decisión.

El suicidio del viejo funcionario y la nota inapelable con la que lo explica produce una impresión profunda que propiciará cambios enérgicos. La catástrofe es ya inevitable, pero sus efectos serán un poco menos terribles. El bisnieto de Gurt Letreto vivirá.

Es él quien ha escrito estas líneas. Su bisabuelo, culpable de haber contribuido a devastar el mundo, se sacrificó para atenuar su culpa y lo salvó.

En Gurt Letreto, convivieron el héroe y el traidor.

1 Los textos jurídicos y los textos sagrados son dos caras de la misma moneda. Son espacios que se utilizan para resolver pacíficamente los problemas que se le plantean a la sociedad. También comparten otro rasgo esencial: en general no se los utiliza en acuerdo con su función proclamada.

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Voir aussi :

http://sebastiannowenstein.blog.lemonde.fr/2018/09/12/quauriez-vous-fait-a-la-place-de-ryan-monsieur-nierenstein-diffuse-son-projet-pedagogique/