Sikrosio es un personaje de la novela fantástica Olvidado Rey Gudú, de Ana María Matute. Sikrosio es corto de piernas y de luces, brutal, sólo interesado por su persona, por su caballo y por las guerras vicinales.
He aquí una descripción del personaje :

Los hijos del Conde Olar heredaron la extraordinaria fuerza física, los ojos grises, el áspero cabello rojinegro y la humillante cortedad de piernas de su padre.

Sikrosio, el primogénito, tenía más rojo el pelo, también eran mayores su fuerza y corpulencia, su destreza con la espada y su osadía. Por contra, de entre todos ellos, resultó el peor jinete, precisamente por culpa de aquellas piernas cortas, gruesas y ligeramente zambas que algunos -bien que a su espalda- tildaban de patas. Si hubo algún incauto o malintencionado que se atrevió a insinuarlo en su presencia, no deseó repetirlo jamás.

Desde temprana edad, Sikrosio dejó bien sentado que no se trataba de una criatura tímida, paciente, ni escrupulosa en el trato con sus semejantes. Su valor y arrojo, tanto como su naturaleza, no conocían el desánimo, la enfermedad, la cobardía, la duda, el respeto ni la compasión. Pronunciaba estrictamente las palabras precisas para hacerse entender, y no solía escuchar, a no ser que se refiriesen a su persona o su caballo, lo que decían los otros. No detenía su pensamiento en cosa ajena a lances de guerra, escaramuzas o luchas vicinales (…) Cuando no peleaba, distribuía su jornada entre el cuidado de sus armas y montura, la caza, ciertos entrenamientos guerreros y placeres personales -no muy complicados éstos, ni, en verdad, exigentes-. Era de natural alegre y ruidoso, y prodigaba, con mucha más frecuencia, la risa que la conversación. Sus carcajadas eran capaces de estremecer -según se decía- las entrañas de una roca, y aunque consideraba probable que un día u otro el diablo cargaría con su alma, tenía de ésta una idea tan vaga y sucinta -en lo profundo de su ser desconfiaba de albergar semejante cosa- que poco o nada se preocupaba de ello. Amaba intensamente la vida -la suya, claro está- y procuraba sacarle todo el jugo y sustancia posibles. A su modo, lo conseguía.

Pero un día, Sikrosio conoció el terror. El terror nació de un recuerdo y culminaba en una profecía.

Olvidado Rey Gudú, Ana María Matute, Espasa, 1996.
El conejo de la leyenda guaraní cae del cielo a los pies de Sikrosio.
La sorpresa de este es inmensa. Pero aumenta aun, si cabe, cuando el conejo se pone a hablar :

¡Ah, un conejo volador!

¡Ah, un conejo que habla!

exclama Sikrosio.
Sin embargo, la capacidad de sorpresa o fascinación de Sikrosio debe de ser muy limitada, pues, dos segundos después está alzando la lanza para perforar al conejo, que, por más volador y hablador que sea, sigue siendo un conejo, es decir, un pedazo de carne.
El conejo entiende que está ante un segundo tigre, brutal y poco inteligente…
-Ah, ya, tú también…
-¿Yo también qué?
-Tú también eres paticorto…
El conejo convence al Sikrosio de que :

  • es paticorto por culpa de Dios y
  • de que el conejo y él deben aliarse para vengarse de Dios.

Y así empieza la andadura del tigre y del conejo, que se convertirán en forajidos sin fe ni ley que sembrarán la muerte y la desolación por doquier.

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