La declaración del Rey de España anunciando que renunciaba a la herencia de su padre me ha sumido en una honda perplejidad ¿se habrá muerto el emérito y yo, tranquilo, aquí en Bruselas sin saberlo? Le acabo de escribir a Felipe de Borbón, su hijo, para preguntarle si su padre está bueno de salud.

Señor de Borbón,

Rey de España,

No sé si se acordará usted de mí. Mi nombre es Sebastián Nowenstein y soy docente en Francia.

Desde hace algún tiempo trabajo sobre la familia real española y sobre la Restauración monárquica que ha dado en llamarse Transición.

Hace dos años tuve oportunidad de escribirle a usted para sugerirle que renunciase a los grados militares que su padre le había regalado1. Era la época de aquel máster de la señora Cifuentes y a mí me pareció que si era justo que se privase a dicha señora de los beneficios del famoso máster mal habido, también había de serlo el que se lo privase a usted de todos esos grados militares que había adquirido a una velocidad de pasmo, tan sospechosa como ofensiva para quienes, tesoneros y estudiosos, los habían ganado con todas las de la ley. A mí me parecía que lo que un decreto de su señor padre había hecho, otro, por usted firmado, lo podía deshacer2.

Pero permítame, ante todo, pedirle noticias de su padre. Quisiera saber si se halla bueno de salud y, vaya, si está en vida. Es que, cuando anoche unos amigos de infancia me comunicaron que renunciaba usted a su herencia, la verdad es que me preocupé sobremanera.

Mire, de Borbón, hay algo que no entiendo. El artículo 911 del código civil dispone que nadie puede renunciar a una herencia sin estar cierto de la muerte de la persona de quien haya de heredar.

Literalmente:

Nadie podrá aceptar ni repudiar sin estar cierto de la muerte de la persona a quien haya de heredar y de su derecho a la herencia.

En su comunicado, la Casa Real dice que usted informó al rey emérito de su voluntad de renunciar a la herencia que este le dejare. O bien el Rey emérito está muerto, o bien usted no podía decir lo que dijo. Y siendo esto así, se pregunta uno para qué dijo usted lo que no había de decir.

Anoche dormí mal. Tuve pesadillas que huelga aquí contar y que giraban en torno a ese imposible aparente de que el rey emérito estuviese, como el gato de Schrödinger3, vivo y muerto a un tiempo. También soñé que el rey emérito había muerto y que los medios de comunicación nos lo ocultaban. Muy raro todo.

A ver, de Borbón, ¿por qué no procede usted con orden? Primero renuncia usted a lo que puede renunciar ahora: a sus grados militares, a una parte de su propia fortuna si quiere o, ya que estamos, a la corona, si le parece. Y después, cuando se tercie, ya renuncia usted a la herencia de su señor padre ¿No sería todo mucho más claro así, haciendo cada cosa en su momento?

Otra pregunta, si me permite : ¿por qué esperó usted que surgiera el escándalo para retirarle la asignación a su padre en vez de hacerlo cuando tuvo conocimiento de sus negocios?

El señor Ignacio Escolar se hace esta y otras preguntas en su artículo El rey hijo mata al padre para intentar salvar la corona. Quizás tenga usted a bien contestar a las mismas.

Lo saluda atentamente,

Sebastián Nowenstein,

professeur agrégé

Algunos artículos sobre la Monarquía española.

1Ver Carta al señor de Borbón, Rey de España, sobre el trato de favor que parece haber recibido durante sus estudios.

2Le pongo aquí los decretos de su padre, por si se le hubiesen a usted olvidado los términos de los mismos: La carrera militar del Rey de España ¿Cuál es la base legal de los reales decretos 813-1989, 814-1989, 815-1989 del 7 de julio de 1989?

3Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Gato_de_Schrödinger

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