Cervantes, famoso autor del Quijote, escribió otra novela : Los trabajos de Persiles y Segismunda. De ella está sacado el texto que vamos a estudiar. Cervantes nació en y murió en . El texto evoca la cuestión de la brujería, en una época en que la Iglesia y la Inquisición consideraban que la mayoría de los casos que llegaban a su conocimiento eran producto de una imaginación enferma o de la ignorancia y no casos reales de hechicería. De hecho, la Iglesia y la Inquisición luchaban contra la creencia masiva en la existencia de las brujas que predominaba en aquella época y que la institución eclesiástica consideraba como pura superstición popular que se oponía a la religión auténtica tal como ella la proclamaba. Nuestro texto refleja estas tensiones y conflictos. En él vemos a un personaje, Rutilio declarar que fue salvado por una bruja de la cárcel, que viajó con ella por los aires de España a Noruega, donde se halla en el momento de en que habla, y que la acuchilló viéndola transformada en lobo. Todo esto al tiempo que afirma y repite que, como buen cristiano que es, él no cree en la existencia de las brujas. Curiosamente, la proclamada fidelidad a la doctrina de la Iglesia no se acompaña en el narrador de ninguna explicación alternativa a la intervención de la bruja.
Estos dos serán los ejes de nuestro comentario.
Veremos que el creer, en este texto, no es algo que surge de la experiencia, sino un acto de consenso en que se acepta la opinión de la autoridad de la Iglesia. El creer, además, no implica la coherencia : las hechiceras no existen y, sin embargo, Rutilio puede estar realmente en Noruega adonde ha llegado a lomos de una criatura inexistente.
Por otro lado, observaremos que la ausencia de explicación alternativa conduce al lector a entender que, a lo menos en la historia, las hechiceras existen realmente, que las proclamaciones de fidelidad doctrinal son de pura forma y no reflejan la concepción del mundo que tiene el narrador.

La hechicera, gracias a sus artes, consigue sacar a Rutilio de la cárcel. Este entiende, al ordenarle la bruja que ponga los pies en un manto, que su salvadora se apresta a llevarlo por los aires. Rutilio es buen cristiano, así que tiene la cosa por burla…, pero tan grande es el miedo, que obedece a la hechicera y sale volando con ella, no sin dejar constancia que él nunca ha creído en lo que le está pasando ahora y sin sugerir en lo más mínimo que la experiencia que está viviendo invalida su convicción. De manera análoga, el hecho de que Rutilio se halle en Noruega no parece debilitar el postulado de la inexistencia de las brujas. Aparentemente, dos pensamientos contradictorios pueden cohabitar sin dificultad en la mente de Rutilio : el que las brujas no existan y el constatar que él ha llegado a Noruega gracias a una bruja que, por lo demás, el mismo ha matado. El hecho de creer para Rutilio y, en buena medida, para esta época no es una confrontación con la propia conciencia sino la adhesión a un consenso común, aquí el dictado por la Iglesia; aun cuando esté en contradicción con lo que la evidencia le presenta a la mente.

Otro aspecto llamativo del texto es, lo hemos dicho, el que se nos presente esta historia como imposible, ya que las hechiceras parecen no existir, y que no se nos proponga ninguna explicación alternativa. Es como si el narrador nos dijera : “yo cuento lo que no pudo haber pasado y… los voy a dejar en la ignorancia de lo que pasó realmente”. Ante tal imposibilidad, la mente del lector se quedará con la única versión de que dispone, la de un Rutilio que llegó a Noruega gracias a la intervención de la hechicera. Dos posibilidades se le presentan. O bien actúa como parece hacerlo el mismo Rutilio en el mismo texto y acepta creer dos cosas contradictorias. O bien considera que las declaraciones del narrador tienen por único objetivo evitar los disgustos con la Iglesia. Lo cual nos abre otra posibilidad para explicar el comportamiento de Rutilio, que puede creer en las hechiceras pero repetir por prudencia el credo oficial. Probablemente, la censura lo entendería un poco de este modo: el fragmento que estamos estudiando fue censurado por la Inquisición.

Este texto nos presenta una situación que no corresponde con la imagen habitual que tenemos de la Inquisición. Por sorprendente que pueda parecer hoy, la Iglesia en el siglo XVII, era muy reticente a validar los testimonios sobre actos de brujería que le llegaban. No conviene, sin embargo, transformar por ello a la Iglesia en lo que nunca ha sido, una institución que emite juicios racionales. Más verosímil parece pensar que el combate de la Iglesia correspondía a su voluntad de ejercer una especie de monopolio sobre lo maravilloso y lo sobrenatural descartando las creencias que surgían espontáneamente en los sectores populares. En este contexto, Rutilio prefiere albergar la incoherencia en su mente antes que cuestionar el dogma católico. Los mecanismos de formación de consenso que este texto ilustra no se limitan a una época ya pasada, siguen, antes bien, aun hoy en vigencia ¿No es el consenso en torno a Contador un ejemplo actual en que millones de personas prefieren dejar de lado las informaciones incómodas para poder seguir creyendo, cueste lo que cueste, en la inocencia del corredor ciclista?

(El autor nos viene a decir que nos cuenta lo que no pudo haber ocurrido… y no busca saber lo que realmente ocurrió. Es como cuando El País cuenta la versión de la ejecución de Bin Laden dada por la Casa Blanca como si fuese la verdad, la historia del solomillo de Contador como si fuese la verdad, etc. Es el principio de una historia demasiado buena para que no sea verdad o, formulado de otra manera, como se lo oí presentar a un marinero islandés : “Bueno, no es tan mentira que uno no pueda contarlo”).
Curiosamente, nosotros, que sabemos que las brujas no existen, nos encontramos obligados, al leer este texto, de aceptar de algún modo la extraña negación de hechos reales que efectúa Rutilio.

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