Escueto, enjuto, pero rico, el relato El terrícola, de Yuri Herrera, nos parece un objeto apropiado para explorar la idea de que la ficción es, en términos cognitivos, una herramienta poderosa pero infrautilizada.

Hablando de la exobiología como de una exploración de la vida en el universo, el filósofo español Aretxaga-Burgos cita a Ortega y Gasset:

“Siempre he considerado que la misión del escritor es prever con holgada anticipación lo que va a ser problema, años más tarde, para sus lectores y proporcionarles a tiempo, es decir, antes de que el debate surja, ideas claras sobre la cuestión, de modo que entren en el fragor de la contienda con el ánimo sereno de quien, en principio, ya la tiene resuelta”

Son unas palabras que tienen un dejo algo anticuado y cuya validez rechazaremos más abajo, pero que recuerdan útilmente que atribuir a la ficción la virtud pragmática de prepararnos ante lo indeterminado o ante lo indefinido es una idea que viene de antiguo.

¿Es la exobiología una ciencia? Se trata de una cuestión debatida, pero lo que nos queda claro, cuando leemos a Aretxaga-Burgos, es que puede llegarse a un acuerdo si se define dicha disciplina como una exploración científica del universo en busca de vida.

También parece claro que la exobiología es una exploración pluridisciplinar y que la misma se produce en una época en que la especialización del saber científico nunca ha sido tan grande. La literatura, como la exobiología, es una exploración, aunque, claro, no científica.

Lo que vamos a defender aquí es la idea de que la literatura, si bien, contrariamente a lo que afirma Ortega y Gasset, no nos permite llegar a la contienda con la cuestión resuelta, nos habilita un espacio para que nos preparemos ante lo incierto y ante lo indeterminado. Un relato es un espacio mental y, también, una herramienta de colaboración intelectual.

Yuri Herrera no es un visionario, como tampoco lo fue Jules Verne. La fascinación ante el artista que, mágica o genialmente, nos anuncia con pasmosa perspicacia el futuro no es más que un estereotipo romántico. Pero lo que hace el artista es más modesto, importante y fructuoso que toda vaticinación, aun cuando fuere esta certera: el artista nos invita a conversar en el ámbito de sus creaciones y a que pensemos juntos los nos ocurre y lo que, tal vez, advenga. El escritor, Yuri Herrera en este caso, nos tiende un crisol para nuestro pensamiento. Usémoslo.

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