No hay secretos en relación con el 23 F, cree saber Cercas, que escribió un libro sobre el tema y que ahora escribe un artículo en El País para darnos esta, que él califica de decepcionante, noticia. Javier Pérez Royo nos recuerda, sin embargo, algo que el escritor omite: la ley franquista de secretos oficiales de 1968, que tanto singulariza a España en el ámbito europeo y que aún no ha sido aún derogada a pesar de las promesas del gobierno, impide a los historiadores tener acceso a la totalidad de la documentación relativa al 23 F.

Desde el inicio del artículo, entendemos que estamos ante una enésima vindicación del régimen del 78, una de estas vindicaciones que reposa en la tozuda letanía de la perfecta normalidad democrática española y, también, en la necesidad de cancelar la indagación histórica, que pudiere hacer tambalearse el edificio del mito.

Los divulgadores y valedores de dicha letanía consideran que el mito de la transición española es historia, e historia insuperable. Para ellos, para Cercas, no hay nada más que indagar. Querer hacerlo, interesarse por ese momento clave que fue el 23 F y querer saber más sobre él es, necesariamente, caer en falsedades, incurrir en mentiras.

Es el de Cercas un mundo binario: o se acepta su “verdad”, la verdad judicial prohijada por la justicia tan poco ejemplar, tan íntimamente ligada al franquismo, tan poco democrática que juzgó los acontecimientos del golpe, o se vuelve uno un alter ego de quienes dudan sin fundamento de que los autores de los atentados de Atocha fueron unos yihadistas y de que el gobierno del PP intentó, sabiendo que mentía, atribuirle los mismos a ETA.

En el mundo de Cercas no queda lugar para quienes reclaman que se abran los archivos, para quienes quieren entender el interminable silencio real de aquella jornada memorable, para quienes buscan conocer la tan poco investigada trama civil. Querer saber más es querer saber demasiado, es culpable voluntad de saberlo Todo. A quienes queremos saber más, el perezoso Cercas, abriendo un ojo en medio de su interminable siesta equidistante y fanáticamente centrista, nos dice que nos volvemos como Aznar. Donde esté Cercas, que se quiten los historiadores.

Cercas cita a Cervantes: la historia, madre de la verdad, ha dejado escrito el famoso manchego. En Pierre Menard, autor del Quijote, se da una interpretación jocosa y, también reveladora para el lector de Cercas:

La historia, madre de la verdad; la idea es asombrosa. Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió. Las cláusulas finales —ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir— son descaradamente pragmáticas.

Pierre Menard, autor del Quijote.

Y lo peor de todo esto es que Cercas leyó a Borges.

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